Quién es Herta Müller, la ganadora del Premio Nobel de Lieteratura 2009

Joyce, Kafka y Proust, tres de los más grandes escritores del siglo XX, no lo obtuvieron. Borges tampoco. Pero con olvidos imperdonables y desacierto garrafales el Premio Nobel de Literautra sigue dando sorpresas. El 8 de octubre pasado, como todos los años, se otorgó este reconocimiento. Esta vez fue para la escritora rumana Herta Müller. Doce mujeres, de 107 premios, lo han obtenido.

El concepto de la academia dice: “Lo que la hace única viene de la doble experiencia de ser parte de una minoría lingüística en una sociedad oprimida por la dictadura de Nicolae Ceaucescu, la cual también corrompía el lenguaje”.

Pero en una entrevista anterior al Nobel ella había aclarado:

“La literatura es un espejo de la cotidianidad y, por ende, de la política. La política entra en la vida cotidiana y, aunque no se convierta precisamente en ésta, ella misma es ficción. Sólo se puede escribir literatura a partir de lo vivido, de la experiencia. Por ejemplo, nunca he escrito sobre un interrogatorio de la policía secreta, pero después de haber pasado por cincuenta de éstos, sé de qué hablaría si lo hiciese. Por desgracia, las personas que han vivido bajo dictaduras han tenido que aprender de forma muy concreta que la literatura tiene que ver con la realidad y que tal vez, también, cumple una tarea, aunque no lo pretenda. Describe realidades, realidades inventadas, y con ello interviene en la vida de los que leen esos libros. Así lo he sentido siempre. He aprendido mucho de los libros. He leído —y eso de seguro lo han vivido muchas personas— a determinada edad un determinado libro que, de repente, se volvió muy importante y me abrió los ojos. No era en absoluto necesario que el libro tuviese relación directa con el país donde vivía o con mi situación de vida. Eso es lo incomprensible y lo fascinante de la literatura”.

 

Viviendo en medio de una dictadura

Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en un pueblo impronunciable de la región de Banat, Rumania. Sus padres pertenecían a la minoría de habla alemana rumana y su padre sirvió durante la Segunda Guerra Mundial en las SS de Hitler.

Ella estudió literatura alemana y rumana entre 1973 y 1976 en la universidad de Timisoara, donde estuvo en contacto con un grupo de escritores jóvenes que proclaman la libertad de expresión y se oponían a la dictadura de Ceausescu, un dictador que gobernó Rumania por 22 años hasta que fue fusilado en 1991 por su propio ejército.

Al terminar sus estudios trabajó de traductora en una fábrica, de la cual fue despedida cuando se negó a ser informante de la Securitate, la policía secreta de la dictadura, que ante esta negativa comenzó a hostigarla y amenazarla.

Durante años estuvo sin trabajo por ese motivo. Se decidió a abandonar el país en 1987, junto con quien fue su esposo, el escritor Richard Wagner, después de la censura de su libro En tierras bajas y de ser interrogada y su casa registrada por los servicios de seguridad. Desde entonces vive en Berlín.

Aunque sus 20 libros fueron publicados originalmente en lengua alemana el premio pertenece a Rumania, ese país balcánico hundido en pobreza de donde han migrado todas las muchachas de servicio que barren las casas de Europa.

 

‘En Rumanía todo era una frontera’

Los rumanos son un crisol de pueblos descendientes del imperio romano, pero que tiene minorías importantes como los húngaros —que componen un 6,6% de la población y están asentados principalmente en Transilvania, la tierra del conde drácula— y los romanís (gitanos), que forman un 2,5% de la población. Rumania también tiene pequeñas minorías de ucranianos, alemanes (que viven la mayoría en el Banato), judíos, rusos, serbios, croatas, turcos, búlgaros, tártaros y eslovacos. Su historia más reciente es el pasado de la dictadura y las persecuciones étnicas.

Así recuerda Herta Müller a su país: “En la Rumanía de entonces yo no notaba más que fronteras; no había lugar donde no existiese una. Todo era frontera, ¡hasta las fronteras reales del país con el exterior! Junto a esas fronteras nacionales se mató a mucha gente. (De hecho, más que fronteras son cementerios). Las fronteras eran el Danubio y los confines verdes con Serbia y Hungría. Allí murieron millares de personas que huían sencillamente por hastío y que les daba igual perecer o no. Cada semana escuchaba uno decir fulano o mengano fueron fusilados. Sin embargo, eso no disuadió a nadie, porque la gente estaba harta y ya no soportaban la vida cotidiana. La frontera era un imán, y todo el mundo ansiaba estar fuera, fuera, fuera. Vivir en Rumanía desde la mañana hasta la noche sólo se soportaba con la idea de que no era para siempre, sino algo provisional de lo que alguna vez saldríamos”.

 

A los más grandes no les tocó Nobel

Si a usted le gusta la literatura, sigue sus altibajos y cada año se siente un poco más ignorante cuando la academia Sueca da su veredicto y otorga el premio nobel a un completo desconocido, no se preocupe. Hay cientos de escritores excelentes que merecen dicho premio en países muy olvidados por las poderosas tribus modernas, y seguirán sin conseguirlo, escribiendo en el más completo olvido. No olvide tampoco que en los más de cien premios que se han otorgado desde que Alfred Nobel creara el premio para atenuar la carga moral de haber inventado la dinamita, ese mismo premio se le negó a los más grandes escritores y escritoras de su siglo.

Y no olvide que los premios son un invento muy nuevo que ha convertido a la literatura en una gaveta más del supermercado.